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Retrato del artista adolescente.

 


Odegaard es media punta. Preciso y limpio en el último pase con aceptable conducción a medio tempo. El flequillo de Canales y el recuerdo de Ozil, pero sin la gracia de Dios en su cuerpo o en su mirada que el turco poseía

Odegaard no embelesa, no gana partidos. Está en la posición imposible donde todo se exige y nada se da por sabido. Demasiado difuso para la vida de piedra, ninguno de sus gestos nos enseña la eternidad. Hubiera sido infeliz y el Bernabéu es cruel con los infelices. En cada partido suyo habría un minuto de silencio donde tomaría consciencia de su diminuta humanidad.

Mejor para todos y sobre todo mejor para su salud mental (y la salud mental de los deportistas es lo más importante) que se haya ido del Madrid. Así, sin dolor. Incoloro, inodoro e insípido, como dicen que es el sexo con las europeas.

 

VINICIOUS jr.

 


Tú, negro del centro de la noche. Te resbalas con la cáscara de plátano y sudas por el dolor de tu raza.

La música del esclavo está en ti.

Y el gol es el abismo donde la escalera se da la vuelta.

No persigas tu sombra, porque tu sombra es el centro de tu noche, y tu noche será la sonrisa sin dientes del Bernabéu.

Pero corre, corre, huye tras los perros que te persiguen. Huye tras los balones sin ínfulas. Huye y salta al fondo de un escenario de cartón.

Trotarás por la playa donde naciste y perderás los dientes, y perderás los ojos, y los niños a los que dejaste huérfano saldrán en tu defensa.

Habrá un museo y estáran tus dientes y estará tu piel estirada sobre un tambor, y un revisor con la cara de un pez moribundo cobrará la entrada.

Aquí yace Vinicious. Pueden observar su sonrisa de 7 a 9, un lago de perlas y un resbalón en la playa frente al mar. Los niños y los viejos, entran gratis. Los descendientes de esclavos y las mujeres embarazadas, también.

Sean compasivos y disfruten de la leyenda.

 

Pasa la vida

 
Real Madrid 1 - Eibar 1 (Liga, 7)
En Europa, donde la luz es un artificio, la estructura ha sustituido al sentido. De ahí  la paz y de ahí la ausencia puesto que todo es un mirar por la ventana. El sentido del madrid es el del mar. Refleja el cielo pero no lo contiene y su color se vuelve más oscuro al acercarse. Impenetrable y letal, cubre 3/4 partes del mundo y dicen que de allí vino la vida, pero se alimenta de los naufragios, de los países devastados y de las basuras. Nos hemos dado cuenta que la estructura era Casemiro, que destroza las ilusiones contrarias y empuja a los pasajeros hasta ocupar correctamente el vagón. Kroos está latente, sólo eso, y la respiración es Modric, quien se vá rompiendo con gracia y con tristeza. Incluso a veces juega cuando logra escaparse del hospital infantil. Hoy estaban kovasic, con su forma terminal de entender la vida, un ahora o nunca que siempre sale fatal. Y estaba Isco, sentado sobre su burrita con pasos tan pequeños que parecía salir de misa de 12. Se dió un par de veces entre líneas, en un madrid vacío y quieto sin amago de caos siquiera, pero la jugada no surgió porque Isco ya es de quienes lo odian y él lo sabe. Tuvo un momento conmemorativo a su carrera: Cristiano dejó el único pase interior de la función y el malagueño, delante del portero, toreó pa trás hacia su defensor e hizo pasar mucha vergüenza al Bernabéu que se quedó masticando en silencio, sin querer hundir el barquito que él mismo echó a la mar. Cristiano estaba en un país lejano y conectó un par de veces con Bale. Una fue un gol de cabeza, que dilató el tiempo y fue la joya incrustada en el partido. Pero el galés estuvo inamovible en su carril, y sin la locura necesaria para desobedecer las órdenes absurdas de Z. Se intentó un tercer acto heróico por megafonía. Fue inútil. En el Bernabéu como en las misas castellanas, nadie cree en la liturgia y la vida está en la habladuría más allá del templo.  Dentro, hace frío, y el silencio nadie sabe lo que es. Quizás la indiferencia, como los amantes que ya no se reconocen. Y mientras tanto, Morata con sus 100 años de honradez a cuestas, seguía controlando un balón que se dió a la fuga y está en paradero desconocido.

XI: Keylor; Carvajal, Varane (Nacho 46), Pepe, Danilo; Kovasic, Kroos, Isco (Asensio 71); Bale, Benzemá (Morata 46), Cristiano
Goles: 0-1 (Fran Rico, 5)  1-1 (Bale, 17)

El maravilloso mundo menguante de zinedin zidane

                                      
Borussia Dortmund 2 - Real Madrid 2 (Copa de Europa, 1)
La obra del autor tuvo cuatro grandes etapas. En la primera unos alemanes enfebrecidos entran en casa, inundan los salones y se quedan a un gesto de la vendimia. Pero la casa no era tal y los salones eran el estómago lleno de arañas de un gigante. Desde la amplitud suicida del Dortmund, modric y kroos oteaban miles de goles que eran abortados por la osteoporosis de la BBC. Un Cristiano íntimo dejó a Karim ante el portero con tiempo para recitar su primera oración. Karim todavía no ha vomitado su gato y cayó en un pozo ciego sin explicación posible. Idas y vueltas sin coronación, sólo peripecia, hasta que luka dejó un pase con el exterior que fue el silencio ante el poema. Karim se rebuscó en la esquina y abrió a la luz y al área, donde ya estaba un cristiano de piedra que ejecutó ante el gol. Una segunda etapa donde los alemanes comienzan a pensar el miedo y rodean las fuentes. Enfrente, el Real, se deja hacer y muta en cortafuegos. Llega el gol alemán en una esquirla mal sujeta y, aquí, se debe una explicación al público. En este madrid conviven todos los rasgos del creador: el que gana contra la noche. El corajudo y ansias sin más plan que la conquista. El lleno de hidalgos y príncipes que atan y desatan el partido a conveniencia. El que se deja mecer por vagancia, condescendencia o por curiosear en la humillación. El dominante que se estrella. El dominado que encuentra la victoria en la magia. El ausente, el irritante, el arremangado, el castizo y el de las modas extranjerizantes. Y en el partido convivieron casi todos. Una vez consumado el empate llegó el madrid dominador. Kroos y modric desalojaron el centro del campo impúdico del borussia y el madrid convirtió en niños a los contrarios. Pero Z miró la cábala y surgió lo inexplicable. Metió a kovasic y volvió el universo del revés. El Real es un equipo inmóvil y Z -que desprecia el fútbol- quiere a alguien que corra por todos nosotros. El estrépito sonaba cada vez más alto y en un balón bobo, lubricado de los errores de siempre, un alemán puso las tablas. Fin del desconcierto pero en el fondo todo fue razonable. Muy razonable.

 XI: Keylor; Carvajal, Varane, Ramos, Danilo; Modric, Kroos, James; Bale, Benzemá, Cristiano
Goles: 1-0 Cristiano (17), 1-1 Aubameyang (43), 1-2 Varane (68), 2-2 Schurrle (87)

El dominio en los cielos


Real Madrid 3 - Levante 0 (Liga, 27)
Cristiano estuvo colgado en el vacío un capítulo entero de la saga. El depredador, dilata el tiempo en el área hasta que los espacios se vacían, y el gol, pasa a formar parte del orden del mundo de manera natural. A la salida de un córner, mientras bajaba del salto, el cuadro se había abierto y la pelota entró picado junto a la base del poste. El sitio del odio para un portero. La comisión general de las buenas maneras había preparado la jornada para que el madridista sonriese de forma oficial. Tras la derrota del barça, si el madrid ganaba, volvería al liderato años después. La última vez, fue en aquella liga descarnada, en la que Mourinho consiguió imponerse atropellando viejecitas en los pasos de cebra. El equipo de Carlo, de estructura y élite, dejó caer una tonelada de ortodoxia sobre el Levante. No había sitio para el devaneo amoroso, excepto cuando los aires pasaban por Marcelo, quien dibujaba combas infantiles malgastadas irresponsablemente por los señores de arriba. Marcelo, sometido a la taxidermia por una parte de la hinchada, que desconfía de los excesos de la carne y, se santigua cuando el ritmo se posa en las caderas de la mulata: ahí todo es posible. Alejado del situacionismo de otros años, tuvo una escena con la pelota, y la dejó pasar, ya domesticada, hasta que el fondo de la red paró la ola sobre la que se arrastra el brasileño. Después de la victoria; perplejidad. La desazón, seguía en su sitio.

XI: Diego López; Carvajal, Varane (Nacho, m. 69), Sergio Ramos, Marcelo; Modric (Isco, m. 74), Xabi Alonso, Di María; Bale, Benzema (Jesé, m. 83), y Cristiano.
Goles: 1-0. M. 11. Cristiano. 2-0. M. 49. Marcelo. 3-0. M. 81. Nikos, p.p.

Los Campesinos



Atletico de Madrid 2  -  Real Madrid 2  (Liga, 26)
El Madrid se acercó con suavidad a un encuentro en el que apenas hubo previa. Alguien echó a rodar el balón sobre el césped y se hizo el partido. La cumbia electrónica de Di María se activó en una falta lateral. Llovió sobre el área, y un Benzemá invisible escondido como está en las entrañas del fútbol, hizo sonar el gol.  A partir de ahí, dio comienzo la representación. El algoritmo de Simeone viró hacia el odio y convirtió todo el campo en una herida a medio cerrar. Un salitre espeso que emanaba de la grada, corroía los tendones de los tres hombres adelantados de Carlo. La toma del medio campo fue inmediata. Di María se ahogaba en sus propios remolinos, y mientras, Modric iba y venía suspendido en las corrientes del partido, sin poder posar el balón en el césped para razonar con el enemigo. Fue una hora larga de asalto a comisaría. La socialización del sufrimiento que promete el Atleti, partió al Madrid en dos: en los sótanos, el pueblo, defendiendo la idea con su sangre; en las terrazas, los galanes, charlando distendidos sobre el estado de las cosas. Gabi, un nombre sin leyenda, disparó desde su ciudad satélite, y atravesó al madrid de punta a cabo. Hubo una sensación de desmoronamiento, de fin de raza, como siempre que al Real le crucifican contra su propia portería, pero la hora del terror llegaba a su fin. Marcelo, un poco somnoliento, saltó al campo y  comenzó a juguetear al borde de la mediapunta, sin atender a la gravedad de la situación. Isco vino detrás, y alrededor suyo ya sólo había cadáveres andantes con la mirada perdida. Cristiano tuvo su única violencia en un trallazo ganado a la noche en lo más íntimo del área. Fue el empate y todos asintieron. Los jugadores, tambaleándose, pidieron perdón y se dieron la mano sin saber si habían hecho lo correcto.

XI: Diego López; Arbeloa (Carvajal, m. 61), Pepe, Sergio Ramos, Coentrão (Marcelo, m. 58); Di María (Isco, m. 62), Xabi Alonso, Modric; Bale, Benzema y Cristiano.

Goles: 0-1. M. 3. Benzema. 1-1. M. 27. Koke. 2-1. M. 45. Gabi. 2-2. M. 82. Cristiano.

La destrucción y el amor



Schalke 1 - Real Madrid 6  (Copa de Europa 1/8)
Eran obreros del segundo escalafón de Alemania. Con el dinero hecho en una vida minuciosa volcada en la manufactura, esta gente, ha comprado toda la Europa clásica, excepto al Real Madrid. En su estadio mana cerveza pero no hiel. La comodidad ha suplantado a la rabia, y de las antiguas batallas, queda el canto insoluble de la hinchada; afinado y monótono, que al cruzar el umbral, se convierte en el silencio que lleva por dentro el hombre que cotiza. El Madrid salió perezoso y gigante, con Xabi construyendo una catedral en cada pase. Uno de esos días en los que está instalada la facilidad en el asesinato. Benzemá tañó el primero, con una jugada sinuosa de Bale, al que fuera del estado le conceden un metro de cortesía en su desplazamiento. Pasó, que antes de que el terreno se inclinara hacia los lobos, hubo un fallo general en el sistema y ahí todo fue Casillas. El fogonazo, dejó aturdidos a los Alemanes, y activó el engranaje de poleas que le da ritmo y espacio al ataque madridista. Karim, que está en el eslabón previo al depredador, se hizo el bobo y cazó a un defensor al que la pelota se le hizo incógnita. Bale ejecutó la suerte, siguiendo la pista de su anterior diagonal, y llevándola hasta el fin. El único rastro dramático del partido era Cristiano, con los espacios cosidos a la espalda, pero burlado con el gol. Maldecía cada ocasión que moría en los márgenes; pero Ronaldo no ceja: remó hasta arriba del cauce, puso su cuchillo al servicio de los niños y torció la voluntad de la pelota hasta que la desangró en la red. Quedó un paisaje de Alemanes rotos vagando por el campo, con los madridistas con todos los pasos habilitados. Antes del silencio final, Huntelaar marcó en una volea hermosa, pero tan inútil como la eyaculación de un cadáver. El canto de la grada se secó y todo volvió al principio, pero con el estadio -ya para siempre- vuelto del revés.

XI: Casillas; Carvajal, Pepe, Sergio Ramos, Marcelo; Xabi Alonso (Illarramendi, m. 73), Modric, Di María (Isco, m. 68); Bale (Jesé, m. 80), Cristiano y Benzema.
Goles: 0-1. M. 13. Benzema. 0-2. M. 21. Bale. 0-3. M. 52. Cristiano. 0-4. M. 57. Benzema. 0-5. M. 69. Bale. 0-6. M. 89. Cristiano. 1-6. M. 91. Huntelaar.

Ruido de fondo



Real Madrid 3 - Elche 0  (Liga, 25)
El Madrid es el único poder existente que se muestra sin velos a su clientela. En la oscura España, país de despachos, fronteras imperceptibles y enemigos comunes; cada cosa es juzgada por la forma en que se anuncia. El Bernabéu, es entonces, el centro desde donde todo irradia. Los tres estamentos están de acuerdo en eso. El comité se reunió dos horas antes del partido y decidió contra Cristiano. Manipulación formidable del Real, que sabiéndose ganador, prefiere dar descanso a su estrella para preparar batallas mayores. El Elche, preparó un rectángulo pegajoso con las esquinas pobladas de cristales. A la estructura madridista, visible desde cualquier parte del campo, le faltaba el filo y un hombre más en cada triangulación. Benzemá era el vértice y Di María buscaba remolinos, pero sus dos acompañantes no entraban al compás. Jesé es joven y se le perdona todo, y Bale, con el precio atado a los tobillos, está obcecado en una distopía que no es la suya. En la segunda parte, los jugadores se meneaban lo justo, había huecos sin rellenar en el césped; un paisaje tenso, de espera. Sólo un hombre estaba cercado. No hubo aviso por megafonía. Treinta metros después, la pelota ya era gol. Bale corrió hacia el centro de sí mismo rechazando los abrazos y el aplauso histérico del campo. Ahí quedó la estela, sólida y recta, que acompañó con su vuelo el resto de la tarde. Isco tuvo 15 minutos felices, entre las convulsiones del Bernabéu, que es un estadio hermético hasta que alguien se decide a romper el hechizo. Marcó un gol en el área, de los suyos, con el control orientado hacia el lado donde no está el perro, y metiendo la pelota por una esquina que antes no existía. Llegó Morata dando voces, y arrampló con lo que quedaba del partido, corrió mucho persiguiendo el balón por medio mundo, y mientras, le cayó el telón encima. Y sí, fue el final. 

XI: Diego López; Carvajal, Pepe, Varane, Arbeloa; Xabi Alonso (Casemiro, m.83), Illarramendi, Di María; Bale, Jesé (Isco, m.73) y Benzema (Morata, m.81).

Goles: 1-0, m.34: Illarramendi. 2-0, m.62: Bale. 3-0, m.80: Isco.

El día de la raza


Real Madrid 2 - Xátiva 0  (Copa 1/16)
Sólo hubo un trazo en el partido que fue capaz de sobrevivir al viaje de vuelta a casa. Un larguísimo galope de Jesé, empezado donde no había ni rastro de la jugada y que fue coronando picos hasta llegar al final de la raya. Cedió la pelota al lugar donde correspondía; unos metros a la espalda del defensa. El pase de la muerte! gritaron los niños y allí no estaba Morata, con su voluntad a cuestas como un saco de piedras. Todo lo demás quedó borrado en la fina lluvia de los días precedentes. Muchos chavales de la casa y un público jovial y aplaudidor incapaz de la crueldad y la venganza. Castilla es tierra de rencores, ya que no existe el interés, y todo se negocia en la esencia. Déjenlo entonces. Déjenlo ser porque cada gesto, es allí, en ese país sin danzas ni canciones, un milagro. Esa es la densidad de este club. Un único aplauso como si se hubiera ensayado desde la infancia. Alonso, Alonso gritaron, pero ya es tarde, y el vasco está en el quicio de la puerta recortado ante su infinito particular. Habrá que reordenar los salones y hacer volar la imaginación. Ese es el juego. No lo cambien.
XI: Casillas; Carvajal (Marcelo, m. 76), Pepe, Nacho, Arbeloa; Illarramendi (Xabi Alonso, m. 58), Casemiro; Jesé, Isco (Benzema, m. 69), Di María; y Morata.
Goles: 1-0. M. 16: Illarramendi; 2-0. M 27: Di María, de penalti

Malas tierras

 
Osasuna 2 - Real Madrid 2  (Liga, 16)
La patada igualitaria, la sangre coagulada en la banda, el coche bomba en la medular, el racismo justificado. Libertad, amnistía y antimadridismo. Añoraba la prensa la guerrilla urbana contra el Real, la semana en la que se levantó acta de defunción contra los Ultra Sur. El Madrid saltó vestido para el sol de media tarde, subido a un relámpago sin el eco del gol. Isco encontró los caminos invisibles de Cristiano a costa de Bale, tan solo, en una esquina de cara a la pared. Era una alineación dulce, hecha para el amor en los jardines, y en el primer balón que sobrevoló el área, cayó el gol a la espalda de Pepe: coloso en el despeje frontal y diminuto en las pelotas ciegas que caen bajo su sombra. De repente cada jugador madridista quedó clavado en una esquina y le fue cedido al rival el centro de mando. Xabi perseguía los espacios cargando un armario en la espalda y cuando llegaba, ya era la siguiente jugada. Varios centros y despejes después, la opinión pública le sacó una tarjeta a Ramos, expulsado al poco y que provoca compasión; algo que lo invalida como central y le inhabilita para entrar en la guardia civil. El equipo tan lejano que había construido Carlo, se cosió al partido a través de Modric, al que derribaron en el área y la ley miró para otro lado. A partir de ahí, al Madrid se le rompió el día por la mitad, mientras en el campo se iba haciendo de noche al ritmo que marcaba el Osasuna. En la segunda parte se ensayó un lenguaje incomprensible con los jugadores distribuidos aleatoriamente por las casillas del césped. Pepe logró canalizar su neurosis y empató en un final desangelado en el que sólo Jesé braceó contra la corriente.

XI: Diego López; Carvajal, Pepe, Sergio Ramos, Marcelo; Xabi Alonso, Modric (Nacho, m.64); Isco (Jesé, m.83), Bale (Di María, m.54), Cristiano Ronaldo; y Benzema.

Goles: 1-0, M.16: Oriol Riera. 2-0, M.39: Oriol Riera. 2-1, M.45: Isco. 2-2, M.80: Pepe.

Democracia Orgánica

Copenhague 0 - Real Madrid 2  (Copa de Europa, 1)
El Real empieza a comportarse en la mesa con los modales de un pequeño burgués. Aseado, bien dispuesto, con el gol justo y la combinación que exalta los corazones en el hogar, frente a la chimenea, con los niños correteando y los asesinos muy lejos, al otro lado de la verja electrificada. Incluso Cristiano confiesa sus faltas en público, y hoy fue su displicencia al tirar un penalti, trasto inservible allá en el final de un partido de mesa camilla. La resaca descubierta por Carlo, iba poniendo el balón alrededor de las 7 zonas del área donde existe la posibilidad del gol. En una de esas, Isco, le dio un pase de un metro a Modric –que en otro tiempo hubiera sido premiado con una descarga eléctrica- y el croata engañó a las cámaras con un amague prohibido, clavando el balón en la memoria de los espectadores. Gol por la escuadra gritaron todos, y esta será la semana del trallazo en las escuelas cinéticas de Europa. Isco como escort de lujo, seduce a la España constitucional, pero deja perplejos a Cristiano y Bale, que nunca jugaron al futbito. En el final se colaron los restos de la antigua civilización; con un desorden conducido por Karim, y Di maría, tan desamparado, que traza un drama por toda la pista y lleva cada jugada hasta el final.
XI: Casillas; Arbeloa, Nacho, Pepe, Marcelo; Xabi Alonso (Illarramendi, m. 77), Modric (Casemiro, m. 82); Bale, Isco (Di María, m. 67), Cristiano; y Benzema
Goles: 0-1. M. 24. Modric. 0-2. M. 48. Cristiano

La desgana


O. Xàtiva 0 - Real Madrid 0 (Copa 1/16)
Los fuegos artificiales dieron paso a un partido muerto, con un silencio triste en los bares que presagia una navidad con las luces apagadas en los hogares de la buena voluntad. Isco, dando vueltas sobre si mismo sin pisarse el vestido, intentó desordenar el patio interior del xátiva y en parte lo consiguió, pero los rematadores eran chicos de España sin púrpura en el empeine. Todos eligieron los lugares concurridos, y Marcelo o Benzemá, que bajaron de palacio, se preguntaban qué hacían allí, en un campo hecho para los adolescentes y los viejos prematuros.  Di María, el último de los señoritos de este ejército de hidalgos, centró de forma automática los balones que se encontró por el camino y todos menos uno, fueron a parar a los tejados. A pesar de ese aliento destructivo, salió bronco, con una rabia que lo dibuja en otro país donde entiendan mejor su fútbol racheado, demasiadas veces inconcluso, y sin el uranio enriquecido que tienen los tobillos del caballo que trajeron en verano.
Real Madrid: Iker Casillas; Carvajal, Nacho, Sergio Ramos, Arbeloa (Marcelo, m. 46); Casemiro, Illarramendi; Di María (Benzema, m. 58), Isco (Modric, m. 74), Jesé; y Morata

Las correcciones



Real Madrid 4 - Valladolid 0 (Liga, 15)
Entre las últimas disquisiciones de la nación está el aprecio por el estilo. Es esta una ventolera que viene del extranjero, vía Tarraco, o así lo parece, ya que los grandes cabezones pensantes, siempre dijeron que Hispania era tierra de genios, mientras La Galia paliaba su déficit varonil construyendo estilos con escuela, patria y razón. Incrustar al genio en el estilo (escuela, patria y demagogia) y empujarlo hasta el fin último de las cosas es la gran obra del bienamado. Su contrincante, el Portugués, centrifugó los espacios en una jugada que surgía de la detonación, manejando el balón como una esquirla que disolvía en ácido la portería rival. ¿Fue eso un estilo o una bifurcación de las leyes del fútbol? Su derrota en Europa no lo grapó en las zonas interiores; y en su última temporada, se refugió en las lindes del coronel Kurtz, traicionado por su propio caballo mecánico. Así quedará ese tiempo, como una civilización oscura enterrada en el jardín de la clase media. Ancelotti atacó con sencillez el palacio; tan vacío, tan confuso, tan ornamental. Hoy, sin Ronaldo y su desmarque perpétuo, el ritmo lento fue apto para el paladar infantil y algunos dicen que ha vuelto el estilo a Chamartín. El partido fue una fábula de corte tradicional. Un contrincante superior al otro; imponiéndose en la idea, el trabajo y la artesanía. El talento derramándose sin acertijos, con una apariencia trivial. Isco pegado al balón, Pepe ladrando fuerte y Bale dominando los espacios interiores, justo donde llueven del cielo los balones. Tan fácil como el funcionamiento de un organismo cuando nada lo corrompe. Quizás un espejismo. Llegará Cristiano y su dramática diagonal, y más allá están los sargazos, con los trasatlánticos varados, llenos de muertos que también creyeron lo que cantaban en la previa.
XI: Diego López; Carvajal, Pepe, Sergio Ramos, Marcelo; Xabi Alonso, Modric; Bale, Isco, Di María (Jesé, m. 73); y Benzema (Morata, m. 73).
Goles: 1-0. M. 32. Bale. 2-0. M. 35. Benzema. 3-0. M. 63. Bale. 4-0. M. 90. Bale

Ustedes que dicen saberlo todo


Real Madrid 4 - Galatasaray 1  (Copa de Europa, 1) 
Sergio Ramos no conoce más género que el melodrama. Pasó su infancia coleccionando estampas de mártires, guerreros, y hombres con un travelling asociado que salvaban a la humanidad con un golpe de ceja. La cotidianidad es una tortura para él; quiere mirar al sol en cada jugada y su engreimiento es castigado por la geometría, los árbitros y el señor del bar, que detesta su madridismo ostentoso. Fue expulsado en el minuto 30 y Carletto le recriminó algo muy grave: no conocer la artesanía de su oficio. Se sacrificó a Jesé para mantener el orden, en un partido sin oleaje y con un arbolito frágil con Isco como estrella invitada. El portero turco, oyó un zumbido en una falta amartillada por Bale, y al día siguiente le dijeron que era el balón; a su paso; contra su portería. A la espalda de Pepe, antaño crecía el musgo, y ahora se desarrollan civilizaciones enteras. Fue el empate, acogido sin júbilo por la hinchada, que creía vivir un partido de transición. ¿Qué es lo que ocurrió a partir de entonces? Los historiadores no se ponen de acuerdo. Pudo ser el italiano o las almas del Bernabéu que rozaron a Arbeloa, o la simple lucha contra la muerte que es la quietud, el aburrimiento de una noche glacial en la Castellana. El caso es que Álvaro cortó amarras con la ristra de lugares comunes que amenazaban con derruirle, y empezó a correr hacia la batalla con una energía suicida que contagió a sus compañeros. A Di María se le erizó el lomo y Marcelo nunca parará de dar vueltas sobre sí mismo. En la excitación, entró Xabi, se subió al estrado, y ordenó los vientos mientras murmuraba hechizos en la lengua de su madre. Los cajones dejaron de abrirse y cerrarse a lo loco; ya sólo hubo el ritmo marcado por el vasco. En el ensueño final, Isco se colgó del elefante, inclinó el campo con dos amagues y corrió hacia el público para que lo llenaran de rosas. Ahí acabó todo. Ahora, interprétenlo.

XI: Casillas; Arbeloa, Pepe, Sergio Ramos, Marcelo (Carvajal, m.74); Casemiro (Xabi Alonso, m.59), Illarramendi; Bale, Isco, Di María; y Jesé (Nacho, m.27).
Goles: 1-0. M. 37. Bale. 1-1. M. 38. Bulut. 2-1. M. 51. Arbeloa. 3-1. M.64. Di María. 4-1, M.81. Isco.

Contemplación


Almería 0 - Real Madrid 5  (Liga, 14)
Fuera de las fronteras del Madrid, en las aguas estancadas del fútbol de selecciones, Cristiano siguió demoliendo las ciudades y los lugares comunes. Está llevando el fútbol a sus orígenes, donde los espacios vacíos se llenan con los sueños de los hombres que huían de las fábricas. En Almería, bastó un fragmento suyo para acabar con el partido. Fue en un principio marcado por el 4231, en el que el doble pivote euskaldun, buscaba sanar la baja de Khedira. Isco, se dio un empacho en la mediapunta hasta que se enredó en su bata de cola y los astros comenzaron a chocarse entre sí. Al Real se le fue el oxígeno y sus piezas quedaron clavadas en sus casillas de salida. Diego López, severo y con los ojos tan abiertos como un ídolo precolombino, fue terco en el ejercicio de sus funciones. La portería no fue violada lo que provocó una lluvia de endorfinas en el aficionado. En la segunda parte se lesionó Cristiano y saltó al campo Jesé, tañendo fuerte las cuerdas del partido, hasta que cayó el gol ejecutado por Benzemá con su pasmo habitual. Fueron saliendo los canteranos y sumados a los españoles dieron lugar a bonitas estampas costumbristas. El partido era inexistente, sólo detalles para charlar a la puerta de casa, culpa de un contrincante no violento que en las heridas del Madrid aplicó pomada en vez de hiel.  En España se ha desplomado la realidad sobre la clase media y el fútbol vive de promesas y dinero de mentiras. No hay contendientes a la vista. Así, el Real lucha contra sus fantasmas, la Generalitat y la rabia de Simeone. Espera Europa, donde están electrificando las líneas por donde pasará Cristiano.

XI: Diego López; Carvajal, Pepe, Sergio Ramos, Arbeloa; Xabi Alonso, Illarramendi (Casemiro, m. 73); Bale, Isco, Cristiano (Jesé, m. 53); y Benzema (Morata, m. 62).
Goles: 0-1. M. 3. Cristiano. 0-2. M. 61. Benzema. 0-3. M. 71. Bale. 0-4. M. 75. Isco. 0-5. M. 80. Morata.